DELTA: Black & Cold
Aún sacudido por la jornada de ayer, pretendo comentar algunas cosas sobre el lanzamiento de la segunda placa de la banda de metal neoclásico, Delta, titulada Black & Cold (2007). Si bien, no soy un seguidor de éste tipo de género musical, debo debo ser claro en que éste trabajo confirma el impresionante nivel de esta joven banda.Todo comenzó cuando llamé a la SCD. Preocupado por las reducidas dimensiones de la sala de Bellavista, pregunté si quedaban entradas disponibles debido a que sólo restaba una hora para que se iluminara el escenario. Todo confirmado para bien, tomé mis cosas y partí corriendo al barrio Bellavista. Al llegar, escucho que Human Factor (la banda invitada) ya había comenzado con su presentación hace unos instantes. No hay apuro, aún hay tiempo para un cigarrillo, saludar a los conocidos y ponerse al día antes de entrar para ver que nos ofrece ésta banda.
Al ingresar me encuentro con la banda formada por Ives Gulle, Sole Genúa, Guillermo Olivares, Cristian Rozas y Rodrigo Espinoza, ejecutando temas de los discos Unleashed (2004) y Behind The Dark (2006) con una potencia escalofriante, probablemente a un volumen tan alto que incluso les jugó en contra a la hora de tocar en un recinto tan pequeño. Pero bueno, a pesar que conozco muy poco a esta banda, me llevé una muy buena impresión al ver el notable desempeño del conjunto, especialmente a la inagotable Sole Genúa, quien andaba con tersianas, y a Guillermo Olivares, a quien no veía tocar desde hace mucho tiempo, luego de compartir un jam improvisado en casa de Matías para el verano del 99, en donde aún no daba guiños de su ochentero look inspirado probablemente en algún personaje como Ghode de Rockstar, pero ya confirmaba el virulento talento en sus dedos.
Ya con la sala bastante tibia, las luces se apagaron y comenzó la proyección de unos clips promocionales de Delta que anunciaban lo que se venía de a poco, a través de unas imágenes en vivo y una muestra del arte que se encuentra en el booklet del nuevo disco. Delta estaba listo para saltar al escenario y eso se confirmó cuando Santiago Kegevic fue el primero en abordar la noche con su bajo. Si bien, no pretendo comentar cada tema de la noche, haré énfasis en la notable evolución de la banda y cada uno de sus integrantes, porque es lo que definitivamente más me impactó.

Haciendo un poco de memoria, no puedo evitar comparar la tocata de anoche con la de un par de años atrás, cuando vi a Delta en la sala SCD del Plaza Vespucio para agosto del 2005, en el marco de la promoción de su disco debut, titulado Apollyon is Free, junto a otras bandas. Si en ese momento encontré que ya era una banda potente y de calidad, ahora me muerdo con ganas la lengua porque Delta está a años luz de su debut en cuanto a nivel, porque todo lo que era "criticable" con su primer trabajo ha sido completamente mejorado con una solvencia y una madurez increíble.
Anoche comenzaron su intenso show de la mano de un virtuosismo pensado en cada uno de sus detalles. Un Felipe del Valle cantando mil veces mejor que en el disco debut y sonando exactamente como lo hace en Black & Cold, resulta muy ejemplificador considerando el registro alto que maneja. Por otra parte, si antes pensaba que le faltaba más prescencia y estilo en cuanto a ser un frontman, Del Valle anoche demostró que no sólo se ha convertido en un sólido frontman, sino que también ha progresado a la hora de ser uno más carismático. Interesante resultó anoche todo el juego vocal de la presentación, ya que el hecho de tener un propio coro formado por hombres y mujeres para complementar las líneas vocales ofrecidas por Del Valle, no sólo habla de lo minucioso que es el trabajo vocal en la nueva producción, sino que también de lo preocupados que son en Delta a la hora de ofrecer un show bien hecho, lo que habla muy bien del trabajo de esta joven banda al no descuidar ningún detalle, por mínimo que este sea. Esto queda claro también al notar que el sonido alucinante de anoche estuvo a cargo del talentoso Marcelo Mollinedo, quien estaba detrás de la mesa trabajando como dueño de las perillas desde el momento en que el quitento abordó las tablas.
Anoche comenzaron su intenso show de la mano de un virtuosismo pensado en cada uno de sus detalles. Un Felipe del Valle cantando mil veces mejor que en el disco debut y sonando exactamente como lo hace en Black & Cold, resulta muy ejemplificador considerando el registro alto que maneja. Por otra parte, si antes pensaba que le faltaba más prescencia y estilo en cuanto a ser un frontman, Del Valle anoche demostró que no sólo se ha convertido en un sólido frontman, sino que también ha progresado a la hora de ser uno más carismático. Interesante resultó anoche todo el juego vocal de la presentación, ya que el hecho de tener un propio coro formado por hombres y mujeres para complementar las líneas vocales ofrecidas por Del Valle, no sólo habla de lo minucioso que es el trabajo vocal en la nueva producción, sino que también de lo preocupados que son en Delta a la hora de ofrecer un show bien hecho, lo que habla muy bien del trabajo de esta joven banda al no descuidar ningún detalle, por mínimo que este sea. Esto queda claro también al notar que el sonido alucinante de anoche estuvo a cargo del talentoso Marcelo Mollinedo, quien estaba detrás de la mesa trabajando como dueño de las perillas desde el momento en que el quitento abordó las tablas.
Por otra parte, pese a la ausencia del talentoso Jorge Sepúlveda en la guitarra, quien se retiró de la banda por motivos personales luego de grabar el último disco, vale destacar que la nueva configuración en la banda donde sólo Benjamín Lechuga se encarga de las seís cuerdas resulta totalmente asombrosa, no sólo por las bondades de tocar en stereo, sino que también por el envidiable talento que tiene a su corta edad sobre el mástil y cómo él mismo ha mejorado completamente su puesta en escena y trabajo en segundas voces. Sin embargo, pese a estar solo durante el evento, Benjamín nos regaló una sorpresa al compartir una canción junto al invitado estelar de la noche, Gabriel Pickblade Hidalgo, a quien no pude ir a verlo al lanzamiento de su disco solista en la Sala Master por otros compromisos pendientes, pero que sin duda tuvo la oportunidad de demostrarme nuevamente porqué es una de las manos más rápidas de Chile cuando coge su guitarra.
Siguiendo con la banda, Nicolás Quinteros debe ser lejos uno de los tecladistas con más onda que he visto en Chile. Siempre he creído que tiene un gran futuro en la música, sobre todo si consideramos que Quinteros es uno de los principales compositores de Delta y que su discografía es reveladora al decir que en realidad Quinteros es un personaje con muchas ideas interesantes para compartir a través de todo el talento y la imagen de una estrella de rock de calibre sin caer en la gratuita petulancia. El baterista Andrés Rojas es una máquina, y la verdad es que no tengo nada que decir sobre él porque es una verdadera ametralladora, merecedora de todos los aplausos de la noche por semejante sacudida y precisión, al igual que Santiago Kegevic, quien a pesar de ser un músico muy sencillo, es dueño de una técnica completísima y entrega los argumentos necesarios para terminar de firmar la factura impecable que nos ofrece Delta sobre la mesa.
Para terminar, uno de los detalles más gratos de todo esta presentación para mi, fue verlos con una sonrisa incomparable arriba del escenario. Quizás conscientes de que el nivel ha mejorado y que se sienten conformes con los frutos de un trabajo a largo plazo. Si estos chicos hubiesen nacido en algún país europeo, probablemente serían cabeza de cartel en algún festival de renombre y sus agendas serían siete veces más abultadas que las de cualquier joven santiaguino. No por nada los han invitado a tocar junto a Stratovarius y con Symphony X. Es un agrado escribir esto siendo testigo de que Delta confirmó nuevamente que en realidad están para cosas grandes y que el tiempo no ha pasado en vano.
¿Imágenes?: Cortesía de RaceC
Para terminar, uno de los detalles más gratos de todo esta presentación para mi, fue verlos con una sonrisa incomparable arriba del escenario. Quizás conscientes de que el nivel ha mejorado y que se sienten conformes con los frutos de un trabajo a largo plazo. Si estos chicos hubiesen nacido en algún país europeo, probablemente serían cabeza de cartel en algún festival de renombre y sus agendas serían siete veces más abultadas que las de cualquier joven santiaguino. No por nada los han invitado a tocar junto a Stratovarius y con Symphony X. Es un agrado escribir esto siendo testigo de que Delta confirmó nuevamente que en realidad están para cosas grandes y que el tiempo no ha pasado en vano.
¿Imágenes?: Cortesía de RaceC






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