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Source:  http://www.clarin.com/diario/2001/11/25/e-02701.htm
Domingo | 25.11.2001   

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RECESION
El pesado lastre del desempleo






Se destruye empleo a un ritmo del 5% anual
  • Y por año hay 300 mil personas que buscan su primer trabajo







    Por DANIEL MUCHNIK. De la Redacción de Clarín
    Según los datos del Ministerio de Trabajo, la Argentina está destruyendo el empleo a un ritmo del 5% anual.

    Esto significa que las empresas se desprenden de unas 200.000 personas cada doce meses. Si a esto se agrega que, todos los años, como un goteo imparable, 300.000 ciudadanos ingresan o procuran entrar al mercado laboral —jóvenes que salen a buscar su primer empleo—, tenemos un potencial de incremento del desempleo de medio millón de personas.

    Tal como indicó Clarín, sólo en octubre las empresas privadas de Buenos Aires, Córdoba y Rosario se desprendieron de 13.000 empleados y otros 30.000 quedaron suspendidos.

    El agravamiento del desempleo arranca en marzo del 2001, cuando Domingo Cavallo se hizo cargo del Ministerio de Economía, al inaugurar la tercera etapa de su gestión en la administración pública (en 1981, pródigamente en la década del 90 y ahora).

    En aquel mes de marzo, el equipo económico calculó que hacia fin de este año, la Argentina estaría creciendo a un ritmo del 10% ciento anual. Aquel eufórico pronóstico, el colmo de la desmesura en medio de un cuadro recesivo que no se revertiría tan fácilmente, no se cumplió, por supuesto.

    No sólo no crecimos sino que nos derrumbamos. La economía argentina está descendiendo. Y los indicadores que corren paralelos son lamentables: la producción industrial bajó casi un 10% el mes pasado, la recaudación fiscal es cada día más magra y asfixiante.

    Semejante realidad económica configura aquello que se califica como "depresión", con letras mayúsculas. Semejante figura destruye consumo, inversión, empleo, cadena de pagos y borra todo horizonte futuro de recuperación en el corto o mediano plazo.

    Todo esto sucede cuando la Argentina ya tiene 2,1 millones de desocupados, otros 2 millones de subocupados y 3 millones de asalariados en negro. El signo máximo de la exclusión.

    Estos datos ilustran la desintegración en la que estamos inmersos. Aunque pareciera que a nivel oficial nadie se da por enterado. Y nadie asume la responsabilidad. Es como si la problemática que hoy enfrentamos hubiera surgido espontáneamente y no por obra de los ministros de Economía y de los gobiernos en la última década y media.

    Durante la gestión de Alberto Flamarique, no sólo no se enfrentó de este estado de cosas sino que se promovió una "reforma laboral" que impulsó una mayor "flexibilización".

    Luego Patricia Bullrich construyó una ardua labor "mediática", pero la mayor destrucción del empleo tuvo lugar durante su paso por el Ministerio de Trabajo. Antes de renunciar, Bullrich promovió un cambio en las asignaciones familiares. Consiste en quitarle beneficios a un grupo de trabajadores para dárselo a otros, quedándose el Estado con una diferencia de 600 millones de pesos para pagar los intereses de la deuda.

    Hoy la economía está manejada por una "mesa chica" de la que participan Domingo Cavallo y Tomás Liendo, de espaldas al gabinete del Palacio de Hacienda. El resto de la sociedad "la mira de afuera". A tal punto que varios funcionarios, alegando "razones personales" renunciaron y otros se preparan para seguir ese camino.

    Mientras tanto, el Congreso se ha convertido en "caja registradora" de los decretos del Ejecutivo. Vota lo que deciden Cavallo-Liendo, con el endeble argumento de que de lo contrario vendría el caos.

    ¿Pero acaso la economía no se está cayendo? ¿No se están evaporando empleos al 5% anual? ¿No se van depósitos del sistema financiero a un ritmo de 2.000 millones de pesos mensuales? ¿Las reservas no se contraen a un ritmo mayor? ¿No se está empapelando el país con "moneda paralela" como son los patacones, Lecop, Quebracho, Lecoc y tantos otros bonos?.
















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