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Como escribir un libro de texto

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17 septiembre 2006


Leo un estudio de François Audigier, de la Universidad de Ginebra, uno de los participantes en el Proyecto Comenius : Educación para una ciudadanía activa. Una vez más indica la necesidad y la dificultad de la EpC. Trata temas conflictivos, cuando la educación se interesa por temas absolutamente compartidos y consensuados. Pero al mismo tiempo piensa que la EpC permite dinamizar la escuela y acercarla a la realidad.
 ¿Qué es la ciudadanía?  Es un estatus jurídico y político conferido  una persona que pertenece a una comunidad política dada. Depende de la nacionalidad. Nuestro mundo está constituido de comunidades políticas soberanas, los Estados, y la ciudadanía está ligada a la pertenencia a alguna de esas comunidades. “Pertenencia y sentimiento de pertenencia, igualdad jurídica y participación en la soberanía colectiva constituyen el núcleo duro de la ciudadanía”. Otros tres conceptos  relacionados deben figurar en los programas de EpC: sociedad civil, democracia, derechos humanos.
 
La EpC puede entenderse de cuatro maneras:
 

  1. Enfoque estricto: Ciudadanía es un concepto político y la asignatura debe tener unos contenidos jurídicos y políticos, ampliándose hacia una reflexión sobre el concepto de “pertenencia”, y en este sentido la historia tiene un papel predominante.  Estos contenidos eran demasiado formales y podo atractivos.
  2. Enfoque social: El contenido se centra en el lazo social, en la convivencia. A cualquier nivel. En este enfoque el peligro no es, como en el anterior, el formalismo, sino la dispersión.
  3. Enfoque personal: Favorecer los recursos personales para la convivencia.
  4. Enfoque participativo: Educar para favorecer la participación en la dinámica colectiva y en el debate público. Esta participación requiere competencias de orden cognitivo, conjunto de conocimientos y de destrezas para  la participación en un debate público, argumentación, crítica de la información, etc. Incluye la aceptación del conflicto y de las soluciones democráticas.

 Creo que hay que introducir los cuatro enfoques. En la educación primaria debe enfatizarse el emocional y práctico, para ir aumentando la carga conceptual a medida que se avanza en la secundaria.

 El resto del estudio analiza las diferentes soluciones que han dado los países europeos a este tema.  Indica los rasgos que se atribuyen  generalmente al ciudadano ideal en todos los países: autonomía, espíritu crítico, capacidad de iniciativa, solidaridad, responsabilidad, participación, cooperación. Se valoran las relaciones entre las personas en un plano individual, por oposición a una concepción vertical que privilegia la autoridad y la jerarquía. Por otra parte, el concepto de democracia suele estar reducido a la política, y no a otras formas de convivencia.


jam @ 09:43


17 septiembre 2006


¿Tendré razón al defender esta asignatura? Las críticas que se han formulado desde sectores religiosos y conservadores me han parecido poco justificados. Consideran que va a ser una vía de adoctrinamiento, que va a dejar a nuestra juventud en manos de gobierno y cosas así. Creo que en el fondo hay una desconfianza profunda en la posibilidad de elaborar y enseñar una ética laica. Reconozco la gran aportación que las morales religiosas han hecho a la ética universal, pero la única forma de evitar los enfrentamientos entre morales es construir y aceptar una ética universal. Unas palabras del Papá durante su viaje a Alemania ha despertado la indignación en el mundo musulmán. El Papa criticaba la implantación de las creencias religiosas por la fuerza. Tiene razón. Pero no hay que olvidar que la iglesia católica y las protestantes defendieron en su momento la legitimidad de la fuerza. Si abandonaron esa idea fue por una crítica ética que las propias iglesias hicieron. Hans Kung, que tanto ha trabajado por la paz entre religiones ha insistido hasta la saciedad en la necesidad de una ética mundial.
 Tal como entiendo la asignatura no sólo no es un adoctrinamiento, sino que debe preparar a los alumnos, mediante el desarrollo del conocimiento ético, jurídico, político y económico, y el fomento del pensamiento crítico, para que resistan a todo tipo de adoctrinamiento.
 Me han parecido más profundas las críticas que los miembros del Departamento de Filosofía del IES Concejo de Tineo publicaron en  la revista “El Catoblepas” (noviembre 2004). Consideran que es muy vaga la propuesta que se hace en la LOE, que maneja conceptos equívocos como la tolerancia –es verdad-, que a veces roza un relativismo multicultural  -es verdad. Hacen una crítica interesante. “Los contenidos relacionados con la filosofía política ya están incorporados en la propia área de ética que actualmente se imparte en 4º de ESO. La medida pretende justo lo contrario, es decir, introducir los contenidos de ética dentro de la Educación para la Ciudadanía”, lo cual es un sinsentido lógico: “la parte es más grande que el todo”.
 La crítica es interesante porque exige situar la ética dentro de los “saberes prácticos”. Desde el punto de vista del sujeto, la acción personal es el punto central de la ética (responsabilidad, libertad de conciencia, elección, etc.), y entonces es verdad que la participación política es una parte de la acción ética. Pero desde el punto de vista de los contenidos de la ética, de su genealogía, su dinamismo y su realización, la sociedad es el punto central. Aristóteles consideraba que la Política, que tiene que ver con el bien común, era más importante que la Ética que se ocupaba del bien individual. Además –como he intentado mostrar en alguno de mis libros, siguiendo por otra parte las indicaciones de los moralistas ingleses,  Rawls y Habermas- la fundamentación de la ética excede las capacidades de la “razón individual”. El egoísmo puede ser perfectamente racional, el razonamiento estratégico (en terminología de Habermas) se sale frecuentemente con la suya, y para el fuerte es muy racional aprovecharse del débil.
Otra cosa es cuando el fuerte tiene que razonar con el débil. O, como dice Rawls, razonara individualmente pero “bajo el velo de la ignorancia” que le saca de su condición individual y le proporciona una cierta universalidad. Por otra parte, es la reclamación de la comunidad la que obliga al buen comportamiento. Pero al atribuir estas funciones a la sociedad, ¿no estoy atentando contra la autonomía de la conciencia individual, fundamento de nuestras concepciones éticas?  No. Lo que estoy haciendo es plantear un problema que se olvida. Las morales se imponen por presión social, pero las morales occidentales –surgidas de la herencia cristiana, la filosofía griega y el derecho romano- después de muchos siglos de debate admitieron la autonomía moral del sujeto. Fue, sin embargo, una creación social para defender al individuo, por una parte, y para hacer más eficaz la norma, por otra, al poner en el centro de la conciencia personal el juez de los propios actos. Pero convertido el individuo en legislador propio, se rompía el nexo con la fuente de la norma moral, que era la comunidad. El problema que tenemos es volver a situar al individuo dentro de la sociedad en cuya construcción moral ha de participar, y de cuya construcción moral va a recibir deberes. 
 
Este  proceso ha seguido estos pasos:

  • La comunidad elabora e impone formas de vida
  • La comunidad occidental legitima una vida individual por encima de la sociedad
  • La moral se diluye en un individualismo errático
     

            Necesitamos volver a integrar a un sujeto autónomo dentro de una comunidad moral. El concepto de “ciudadano” me parece útil para señalar este lazo del individuo autónomo con la comunidad normativa.

 Hay otro aspecto decisivo. El concepto de ciudadano tiene una entidad jurídica muy importante. Indica pertenencia a un Estado. Annah Arendt explicó que el acceso a los derechos se hace a través de las estructuras políticas. Pondré un ejemplo:
Podemos decir que el derecho a la propia vida es un derecho que deriva directamente de la dignidad humana. Pero el ejercicio real de ese derecho –la protección de su seguridad, la ayuda para sobrevivir, etc.- no las adquiere por el simple hecho de reclamarlas. Necesita unas estructuras políticas justas que implanten, protejan y hagan reales esos derechos “ideales”. La universalidad de los derechos humanos exige la responsabilidad política universal para hacerlos reales. Esto implica que la noción de “ciudadano” es expansiva: soy ciudadano de una ciudad, de un Estado, y, como decían los juristas españoles del XVI, como miembro de la communitas totius orbis. No de un estado Universal, pero sí de una estructura política universal que ponga en práctica el gran proyecto ético.
 Creo que podría haberse dejado el nombre de “Ética”, pero que era importante cambiar el enfoque.
 
El libro de texto tiene que narrar esta lucha por realizar el proyecto ético.

 Más tarde hacen una crítica que me parece más retórica que otra cosa. La ciudadanía se adquiere por naturaleza, los miembros de una democracia son ciudadanos que adquieren capacitad política con la mayoría de edad, ¿no es contradictorio pretender enseñar ciudadanía a quien ya es ciudadano? Piensan que “deberían aprenderlo por sí mismos a lo largo del proceso de su formación (y no precisamente de su formación académica). De otro modo, una “Educación para la Ciudadanía” (de un Estado democrático) se convertiría en una suerte de educación o adoctrinamiento ideológico a cargo del Estado”. En este punto hacen referencia a la “Formación del Espíritu Nacional”.
 Esta idea me recuerda el problema que planteaban los lógicos medievales: la lógica enseña a pensar, pero para poder aprender lógica ya hay que saber pensar, luego la enseñanza de la lógica o es imposible o es inútil. La respuesta que daban es que hay una “lógica natural” que tiene que ser perfeccionada por la “lógica científica”. Pues lo mismo pasa con la ciudadanía.


jam @ 10:01


1 octubre 2006


Blanca Berasátegui me pide un artículo sobre Hannah Arendt para EL CULTURAL, lo que me lleva a repasar los textos de esta filósofa de la política. Una vez más descubro que cosas que pensaba que se me habían ocurrido a mí son la permanencia de lecturas antiguas que creía olvidadas. Arendt considera que la libertad no es una característica de la naturaleza humana, sino de su participación en la polis. Por decirlo en mi terminología: la vida en la ciudad permite ampliar el campo de la liberación humana. Cuanto más nos acercamos a la naturaleza y al aislamiento, menos libertad tenemos. Uno de los objetivos más claros de la educación para la ciudadanía debe ser  poner de manifiesto que esta relación básica con los demás, es la fuente de la libertad individual.
 

Leo el libro de Katherine Simon “Moral Question in the Classroom”. Es un trabajo de campo sobre el modo de enseñar cuestiones morales en tres escuelas: una laica, otra católica, y una tercera judía, en Estados Unidos. La autora engloba en un mismo paquete lo que llama “cuestiones morales” y las que denomina “cuestiones existenciales”, es decir, las que se preocupan por asuntos como el sentido de la vida o de la muerte, la religión, el origen de las cosas, etc. El conocimiento humano –dice- existe como resultado de nuestra preocupación por ese tipo de problemas. “¿Es la educación moral tarea de la escuela?  Para muchos autores, la educación tiene que ver con el desarrollo de las capacidades intelectuales del hombre, mientras que la educación moral y espiritual debe dejarse en manos de la familia y de las iglesias”. Lo que veo en esta postura es una creencia básica,-confesada o implícita- en la imposibilidad de elaborar una ética laica válida para todo el mundo, por lo que hay que dejar esos asuntos en manos de las preferencias privadas. Uno elige una moral o elige una religión con moral incluida. Este escepticismo hacia la posibilidad de justificar una ética me parece peligroso porque es radicalmente falso.

Lickona, uno conocido especialista en estos temas, ha escrito: “Mientras la sociedad festejaba el individualismo y la escuela neutral (que no enseñaba ningún tipo de valores) hay una creciente evidencia de decadencia moral”. La autora piensa que el método de enseñar moral tiene dos pasos: 

  1. Comentar las necesidades y fallos de la sociedad. 
  2. Preguntarse como las escuelas deben educar alumnos que puedan responder a esas necesidades y corregir esos fallos.

Estoy de acuerdo en que en la primera lección los alumnos deben reflexionar  sobre “cómo debería ser el mundo”. Si no se tiene una idea clara de cómo podría y debería ser, el estudio de la ética se queda en un formalismo vacío, porque su esencia consiste en proporcionar una ruta lo más segura posible hacia ese mundo deseable. De esta manera se da carácter dramático y activo a la asignatura.
 

Simon cree que no debe haber una asignatura especial, sino que estos conocimientos y actitudes deben darse a través de todas las asignaturas. Esta polémica también la tenemos en España, pero ya hemos intentado la aplicación de asignaturas transversales, y no han funcionado. Por supuesto que el ideal sería que en todas las asignaturas se enseñasen, de forma teórica o práctica, los valores y comportamientos éticos,  pero es de difícil realización. La solución que se me ocurre, que el currículo inglés sobre “Citizenship” adopta, es que se busque en cada tema la relación –y la ayuda- de otras  asignaturas. Es decir, sería una “transversalidad dirigida” desde el Departamento de educación ciudadana.


jam @ 10:58


9 octubre 2006


Los antiguos libros de texto comenzaban con una lección titulada “Concepto y método de la asignatura”. En el caso de una asignatura nueva como esta, sin tradición académica, y sin profesores especializados, creo que este asunto hay que explicárselo en primer  lugar a los docentes.
 

  • La “ciudad” se toma como símbolo de la vida social organizada, con un sistema de derechos y deberes. Encontramos la ciudad en la etimología de palabras muy importantes en nuestra cultura:
  •  Del latín “urbs” deriva “urbanidad”, que es el conjunto de normas necesarias para vivir en sociedad.
     
  • Del latín “civitas” deriva “civilización”, que en su sentido primitivo designaba todo lo que hace al individuo  para vivir mejor en sociedad. Por el contrario “incívico” significa “brutal, violento, bárbaro”.
     
  • Por último del griego “polis” procede “política”, que en el lenguaje clásico era la organización de los asuntos públicos para alcanzar el bien común. Era, en el pensamiento de Aristóteles, el grado superior de la ética.
     

En la actualidad, la “ciudadanía” es el conjunto de derechos y deberes que se derivan de la nacionalidad. La nacionalidad española permite el acceso a unos derechos a los que no pueden acceder los extranjeros.  Este concepto de “ciudadanía” es restrictivo. Desde este punto de vista, los derechos ciudadanos se oponen a los derechos naturales, comunes a todos. Por esta razón, los constituyentes de la revolución francesa promulgaron la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”. Estos procedían de la sociedad, y aquellos procedían de la naturaleza humana. En sentido estricto, la educación para la ciudadanía sería la educación para vivir en una nación concreta, mientras que la educación ética sería la que fijaría las normas universales. El código civil español sería una norma ciudadana, la Declaración de Derechos humanos sería una norma ética.
 

¿Deberíamos entonces distinguir dos asignaturas, una de ciudadanía y otra de ética? Creo que hay una posibilidad mejor basada en una tradición venerable que procede de los estoicos, y que recientemente volvió a proponer Martha Nussbaum, una de las especialistas en ética más interesantes en la actualidad. Señaló que todos formamos parte de dos comunidades: una local (nuestra ciudad, nuestra comunidad, nuestra nación, nuestro Estado); y otra  universal, nuestra pertenencia a la humanidad. Somos a la vez ciudadanos españoles y ciudadanos del mundo. La pertenencia a cada comunidad proporciona derechos diferentes. La universal fundamenta los derechos humanos, la particular los derechos ciudadanos. Aquellos son el fundamento y el límite de estos.
 

De esta manera, la educación para la ciudadanía tiene un doble contenido: universal y nación, ético y cultural. Y lo importante es explicar con claridad el diferente rango que tienen ambas normativas. La nueva asignatura tiene que incluir el contenido de un curso de ética (ciudadanía universal) y un curso de política (ciudadanía española).


jam @ 11:45


11 octubre 2006


La “doble ciudadanía”  es un tema de capital importancia para esta asignatura, porque está relacionada con la “identidad”. Hasta ahora, la EpC ha sido criticada fundamentalmente desde filas eclesiásticas o muy conservadoras, por considerarla un intento de adoctrinamiento político. Es evidente que puede convertirse en eso. La prueba de fuego va a ser como traten ese asunto las Comunidades Autónomas, que tienen competencias curriculares. Si la asignatura va a convertirse en una Educación para la ciudadanía española o vasca o catalana o gallega o andaluza el proyecto queda truncado. Precisamente, una de las cosas que me interesan del proyecto de  la EpC  es que puede permitir  explicar bien la cuestión y el orden jerárquico de las dos ciudadanías. El esquema es el siguiente:
 

  1. La comunidad universal –la communitas totius orbis, de Fracisco de Vitoria-
    es el último fundamento de los derechos y deberes humanos. Son los
    derechos correspondientes a la ciudadanía universal.
  2. Uno de esos derechos es el de pertenecer a una comunidad cultural y a un
    Estado.
     
  3. Como tanto insistió Hannah Arendt, los Estados son el medio de acceso a los
    derechos universales, y la primera concreción de los deberes. Una definición
    del estado podría ser: la organización política que permite a una comunidad
    acceder a los derechos universales, es decir, a los derechos humanos. Estos
    son la última razón de su existencia y el objetivo máximo de su acción.
     
  4. Los derechos humanos son el marco ético en que cada cultura, religión u
    organización política puede ejercer su capacidad creadora.

 
Señalar bien esta jerarquía me parece imprescindible. Si se altera, es decir, si la pertenencia a una religión, una raza o un estado se convierte en la fuente primordial de derechos se está abriendo el paso a la discriminación, la tiranía, la violencia y la injusticia. El fundamento teórico de estas ideas las expuse con María de la Válgoma en el libro “La lucha por la dignidad".

¿Permitirán las presiones políticas que podamos enseñar estas cosas tan elementales? ¿En qué momento debería enseñarlo? Creo que la primera lección debe tratar de esos dos tipos de ciudadanía, y luego volver a retomar el asunto en el capítulo destinado al descubrimiento de la identidad personal, donde tendrá que hablarse de la identidad de género, religiosa y nacional.


jam @ 12:35


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