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Como escribir un libro de texto

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12 agosto 2006


    La polémica  sobre EpC sube y baja, como las mareas. Sospecho que a merced de intereses estratégicos. Me parece que para la Conferencia episcopal es un elemento para negociar la asignatura de religión. Ni la religión ni la ciudadanía merecen eso. Olegario González de Cardedal ha escrito un artículo a favor de la asignatura que me ha parecido valiente. Pero pronto han surgido voces en contra. La FERE también la ha defendido, y también me parece bien. Pero la prensa más intransigente ha atacado esta muestra de sensatez. La Concapa ha presentado su propuesta y el PP la suya. Me parece una buena decisión. Lo importante no es rechazar ciegamente algo que todo el mundo sabe que es necesario, sino ayudar a que se haga mejor.

            El día 28 se celebró en el Centro de Estudios Constitucionales una jornada de trabajo para hablar de la EpC. Abrió el acto la ministra y Alejandro Tiana, secretario general del Ministerio, y gran promotor de esta asignatura. Nos habían convocado como "expertos" a Gregrorio Peces Barba, Victoria Camps, Salvador Giner, Fernando Vallespín y a mí. Actuó como anfitrión y participante Alvárez Junco, actual director del Centro. El público era muy reducido y seleccionado. Cuando me preguntaron si  creía que debían invitar a alguien más de los convocados, sugerí al cardenal Cañizares, pero no parece que la idea cuajara, no sé por qué. Me hubiera gustado hablar con el cardenal, para ver si me convencía o si yo le convencía. No tener miedo a la discusión me parece una de las condiciones imprescindibles para el rigor intelectual. Hablar con convencidos me parece poco interesante, porque tal vez se limiten a confirmar prejuicios. No me interesa tener razón, sino estar en lo cierto. Rendirse ante un argumento más fuerte me parece una admirable y valerosa rendición, pero es que no oigo ese argumento. Escucho descalificaciones y simplezas. En una tertulia dirigida por Carlos Dávila, he llegado a escuchar que se trata de una confabulación masónica. ¡A estas alturas!

            Lo cierto es que, por más que intento juzgar con imparcialidad lo que dicen los que se oponen a la asignatura, me parece que están cayendo en un vicio que se extiende peligrosamente en la vida política y social española: juzgar intenciones. Intenciones que, además, no se conocen, sino que se sospechan. No me entusiasma el curriculum de mínimos de la asignatura, me indigna la reducción a 35 horas, y no me gusta que en varias comunidades el primer curso de EpC en secundaria se vaya a dar en segundo curso, y no en tercero. Pero lo que no veo por ninguna parte es la "eliminación de la libertad",  el "pensamiento único", el "adoctrinamiento socialista", el ataque a la familia, la confabulación de "laicistas radicales, homosexuales y femistas", y otras lindezas que se han oído. Estoy demasiado preocupado por la educación como para no escuchar todas las opiniones, pero lo único que sé es que estoy escribiendo un libro de texto ateniéndome a los contenidos mínimos, para cumplir con la ley, pero incluyendo todo lo que me parece necesario que un adolescente sepa de ética. Mientras no se censure o prohiba mi texto, no puedo decir que haya en esta asignatura un oscuro propósito político o ideológico. Lo que digo en este libro lo diría en Sebastopol, si me lo pidieran. Se lo explicaría a conservadores, socialistas, nacionalistas, masones, teólogos de la liberación, miembros del Opus Dei, comunistas, liberales, terroristas, víctimas del terrorismo, e incluso a un extraterreste, si se pusiera al alcance.

            La reunión en el Constitucional fue interesante, pero se perdió en pronunciamientos teóricos. En mi turno dije que la asignatura me parecía importante, el curriculum un cajón de sastre que intentaba contentar a demasiados, y el proyecto ministerial bienintencionado pero didacticamente verde. Pregunté a Tiana a cuento de qué venía esa reunión si todo estaba ya decidido y me aseguró y luego aseguró en público que todavía se podían realizar algunos cambios.

            Mientras tanto, continúo redactando el libro. Cada vez me interesa más el género. Si es una introducción a la ética, y la etica es algo que debe interesarnos porque es la mejor protección y la más brillante ayuda que tenemos, el libro debería interesar a los alumnos, más allá de la obligación de estudiarlo. Más aún, debería interesar a todo el mundo que no tuviera ideas muy claras acerca de cómo comportarse. ¿Y si me empeñara en hacer un libro de texto que fuera más allá de lo escolar, que se dirigiera a todo el mundo?  Sería estupendo que fuera de la escuela se leyera un libro de texto. Ya sé que el libro de texto impone unos formalismos que pueden ahuyentar a otros lectores . Hay procedimientos didácticos, actividades, repeticiones didácticas, y cosas así. Pero, si consiguiera escribir un libro que pudiera interesar también a los padres, conseguiría tender un puente de comprensión entre generaciones diferentes. Si la ética es la solución más inteligente de nuestros conflictos, también debería servir para resolver los conflictos -o al menos el distanciamiento y las incomprensiones-entre padres e hijos.


jam @ 10:25


1 septiembre 2006


Sobre el tema de la EpC había publicado un artículo en la Revista Educación y Futuro  (10-2005)  En EL MUNDO  el artículo “La necesidad de aprender a ser un buen ciudadano” (8-6-2006). En los medios de comunicación y también en los políticos ha surgido un debate sobre esta asignatura.  En mi sección " La Frase" del periódico EL MUNDO comenté estas opiniones o noticias aparecidas en prensa: 

El Senado aprobó que se retire la Educación para la Ciudadanía en la enseñanza primaria. 

 Transcribo una parte de un artículo mío para mostrar  mis reflexiones del momento.


En esta gresca continua en la que vivimos, parece cada vez más difícil estudiar seriamente los asuntos. Estamos instalados en la “dialéctica de coger el rábano por las hojas y con furia”. La derecha, la iglesia y las asociaciones de padres relacionadas con ellas han decidido que esa asignatura es peligrosa, estatalista, y antirreligiosa. ¿Por qué no analizamos las cosas desde el principio. Cada vez que surge una disfunción social –droga, violencia, machismo, accidentes de tráfico, embarazos adolescentes, conductas inciviles, racismo, etc.-   se pide a la escuela que intervenga. Si hiciéramos caso a cada una de esas peticiones, tendríamos que implantar una estúpida proliferación de disciplinas.. Esos problemas tienen una raíz común. La ausencia de normas claras de convivencia, de virtudes sociales, una irresponsabilidad generalizada (o transferida al Estado), una pésima pedagogía de los derechos y de los deberes. Estos asuntos deben enfocarse en un continuo educativo: aprendizaje de habilidades sociales,  educación en valores,  normas éticas, conocimiento del derecho y de las exigencias de la democrática. Esto hay que enseñarlo a todas las edades. El nombre que pongamos es lo de menos. Los que rechazan este tipo de asignatura siguen pensando que es imposible enseñar una ética laica,  y que la alternativa es “religión o inmoralidad”. Esto es un disparate. Y si me apuran, un disparate malintencionado.

(19 de marzo de 2006)

La asignatura de “Educación  para la ciudadanía” es un ataque más a la familia.

Dicha por  Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo.
Yo añadiría:

“Y también atenta contra las bicicletas”. Y si alguien me preguntase “¿Y por qué contra las bicicletas?”,  le contestaría: “¿Y por qué contra la familia?”.  El debate sobre esta asignatura es muy importante, por eso quiero que estén al tanto. He leído muchos argumentos en contra. Con uno estoy de acuerdo: no se puede permitir que un gobierno adoctrine a la ciudadanía en su ideología propia. Pero de lo que yo hablo es de introducir  una  ética rigurosa, no  un panfleto partidista ni una apología del relativismo. La ética es la gran protectora de la religión, no su enemiga. Lo importante es responder  a una cuestión: ¿Es posible justificar una ética, universalmente válida, que defienda los valores de la dignidad humana, o sólo puede haber una moral religiosa? Estoy seguro de que, a estas alturas de la historia, la iglesia católica admite la existencia de esa ética universal, a cuyo descubrimiento  el cristianismo ha colaborado decisivamente. Y sería estupendo que interviniera, como otros colectivos, para mejorar el diseño de la asignatura. La educación para la ciudadanía pretende enseñar a convivir. También a convivir en  familia. Quiere enseñar que la democracia es un proyecto ético, que  todo, derecho implica un deber, que debemos buscar la justicia en todas las relaciones –incluidas las familiares- y que debemos respetar las creencias de otras personas, siempre que se mantengan dentro del marco ético. ¿Ven algún peligro?”


(JAM 18 de Junio)


jam @ 19:55


3 septiembre 2006


El Ministerio de Educación no ha publicado todavía el Decreto de Contenidos Mínimos de la asignatura. Trabajo, pues, con un borrador muy vago, y sin saber todavía las horas que se van a dedicar a esta asignatura. Las hipótesis de trabajo son las siguientes:

  • La nueva asignatura es un curso de ética básica, que se prolonga por un  lado con una educación emocional, y por otro hacia la participación política, incluyendo los conocimientos básicos de derecho, economía y ciencia política necesarios para ejercer la ciudadanía responsablemente.
  •  La nueva asignatura debe tener un contenido conceptual riguroso, pero no ha de olvidar que es una asignatura práctica. Sigue vigente la máxima aristotélica: No basta con saber qué es lo bueno. Lo importante es ser bueno. El problema pedagógico surge inmediatamente: ¿Se puede enseñar el buen comportamiento? Es ridículo pensar que este problema es nuevo o sólo afecta a esta asignatura. La educación lo ha intentado siempre. Confundir “educación” con “transmisión de conocimientos” es una simpleza que no resiste el menos análisis.

Durante el verano he revisado lo que se está haciendo en otros países, y los libros de texto de alguno de ellos.


jam @ 20:40


6 septiembre 2006


Participo en un Curso de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, hablando sobre “Filosofía y educación para la ciudadanía”. Coincido con expertos en ética, filosofía del derecho y educación: Ernesto Garzón Valdés, Aurelio Arteta, Francisco Laporta, Rafael Vargas-Machuca, Luís María Cifuentes. Los alumnos –casi todos ellos docentes- son muy escépticos hacia la nueva asignatura.


jam @ 20:51


10 septiembre 2006


Reviso información sobre  una iniciativa pedagógica estadounidense: el service-learning. Es un método de enseñanza que intenta combinar servicios a la comunidad con el aprendizaje del currículo. Se diferencia de otros servicios a la comunidad en que está centrado en los objetivos de la enseñanza formal. Hay varias organizaciones que proporcionan formación a los profesores y propuestas de actuación. En 1999 una encuesta llevada a cabo por el National Center for Education Statistic mostró que el 32 % de las escuelas públicas tenían service-learning como parte de su  currículo. ¿Podría incluirse algo parecido en la asignatura EpC? Según un estudio de la Universidad de Minnesota, el 25% de los alumnos de las escuelas superiores participan en algún programa de service-learning. ¿Se podría implantar en España algo parecido? He escrito para CUADERNOS DE PEDAGOGÍA  un artículo titulado "ONGs y Educación".


jam @ 20:56


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