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Como escribir un libro de texto

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2 marzo 2007


Toda la prensa se hace eco de las declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal comentando el documento publicado sobre la LOE.  Me interesan sobre todo, las acusaciones vertidas contra la EpC, que considera contraria a la moral católica por defender el relativismo moral.
Al menos ha servido para llamar la atención sobre el tema. Ayer apareció en todos los telediarios, y hoy ha venido un equipo de La Sexta a hacerme una entrevista sobre la asignatura.
He leído con atención el documento episcopal, que voy a comentar detalladamente. No pretendo tener razón, lo único que quiero es estudiar su argumentación para ver si me parece acertada y en ese caso cambiar lo que tenga que cambiar.

Primera afirmación: “El Estado no puede imponer legítimamente ninguna formación de la conciencia moral de los alumnos al margen de la libre elección de sus padres. Cuando estos eligen libremente la religión y moral católica, el Estado debe reconocer que la necesaria formación moral de la conciencia de los alumnos queda asegurada por quienes tienen el deber y el derecho de proveer a ella.”
No entiendo esta argumentación. ¿Tienen siempre los padres derecho a decidir la educación moral de sus hijos? Supongamos que los padres son nazis convencidos y creen que deben educar a sus hijos en la ideología nazi. ¿Debe el Estado respetar esa decisión? ¿Es que los padres tienen una sabiduría instintiva de tal manera que todo lo que ellos decidan sea infalible y respetable? ¿Y si pertenecen a la secta de los adoradores del sol, y deciden suicidarse? ¿Y si admiten la ablación del clítoris? ¿Y si casan a las niñas a los once años, como ocurre en alguna cultura implantadas en España? ¿Y si no se ocupan de su bienestar?
El derecho de los padres sobre los hijos no es absoluto. Eso pertenece a ideologías primitivas. El derecho romano consideraba que el padre (no la madre) tenía derecho a hacer con su hijo lo que quisiera, porque era propiedad suya. Podía  matarlo, venderlo como esclavo o abandonarlo. Fue precisamente el cristianismo, quien se opuso a ese derecho absoluto, reclamando el respeto al niño. El derecho de los padres está limitado por el “superior interés del menor”, como dicen las leyes, y por el respeto a valores objetivos. Una apelación en abstracto al derecho a educar es insuficiente. Habrá que precisar “qué tipo de educación”, cuáles son los deberes de los padres (no los derechos sólo), quien cuida de que cumplan esos deberes, y quien se hace cargo de ellos cuando no se cumplen.

 Segunda afirmación: El Episcopado crítica que se pretenda formar “con carácter obligatorio la conciencia moral cívica de todos los alumnos en todos los Centros”.

No dan explicaciones de por qué eso les parece mal. Crear una conciencia ciudadana supone formar la responsabilidad cívica, reconocer los derechos y deberes que entrañan la vida en sociedad,  conocer los valores éticos que están presentes en nuestra Constitución, aprender a resolver los conflictos justamente, proteger los espacios públicos, participar en las instituciones democráticas, y aprender a reflexionar sobre los problemas que la vida pública plantea. Pondré un ejemplo. ¿Quién va a enseñar que hay que respetar las religiones? ¿Quién va a enseñar la importancia que tiene la libertad religiosa? ¿Las religiones? Lo veo muy difícil. De hecho, basta con ver las críticas que la Iglesia católica hizo acerca de la libertad religiosa hasta el Vaticano II para comprobar hasta qué punto es complicado desde dentro de una religión admitir el derecho a profesar otra religión o a no profesar ninguna. Lo mismo podría decir de la religión islámica, que en este momento no es partidaria de la libertad de conciencia. La libertad de conciencia es un precepto de ética laica, no religiosa, que algunas  religiones han aceptado, por ejemplo las cristianas. Formar la conciencia ética es imprescindible y en muchas ocasiones nadie se encarga de hacerlo. La insistencia de la Iglesia por introducir la enseñanza religiosa en las escuelas es un claro reconocimiento de que ni siquiera se puede confiar en las familias religiosas la educación religiosa de sus hijos. ¿Vamos a confiar, en cambio, la educación ética a los padres? Seria más justo, como mínimo, utilizar el mismo rasero. La diferencia, es que la educación ética, el conocimiento de los valores fundamentales en que se basa nuestra convivencia, los derechos humanos y toda la ética que está concretada en ellos, no puede dejarse al libre arbitrio de los padres.
Me resulta incomprensible que la iglesia católica diga con tanta firmeza que el estado no puede formar con carácter obligatorio la conciencia de los ciudadanos, después de haber estado diciendo hasta muy recientemente que los Estados debían ser confesionales. Es decir, tener una religión oficial que había que introducir en todo el sistema educativo. Pio IX, en el Syllabus, condena como errores las siguientes afirmaciones:
 

  • XV. Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que guiado por la luz de la razón juzgare verdadera.
     
  • XVI. En el culto de cualquier religión pueden los hombres hallar el camino de la salud eterna y conseguir la salvación.
  • XLVII. La óptima constitución de la sociedad civil exige que las escuelas populares, concurridas de los niños de cualquiera clase del pueblo, y en general los institutos públicos, destinados a la enseñanza de las letras y a otros estudios superiores, y a la educación de la juventud, estén exentos de toda autoridad, acción moderadora e ingerencia de la Iglesia, y que se sometan al pleno arbitrio de la autoridad civil y política, al gusto de los gobernantes, y según la norma de las opiniones corrientes del siglo.
     
  • LV.Es nuevo que la iglesia sea separada del Estado y el Estado de la Iglesia.
     

Afortunadamente, la Iglesia ha cambiado su mensaje en estos temas, lo cual es una gran lección de humildad. Una parte importante del esfuerzo del aggiornamento del Concilio Vaticano II consistió en reconocer la legitimidad de principios éticos, y ajustar la doctrina moral a ellos en algunos temas.  EN 1832, Gregorio XVI llamaba “delirio” a la libertad de conciencia. Pero el Vaticano II, dando un notable giro, la admitió. Las razones que da para explicar su cambio al comienzo de la "Constitución Dignitatis humanae", corroboran lo que digo: “La dignidad de la persona humana se hace cada vez más clara en la conciencia de los hombres de nuestro tiempo, y aumenta el número de quienes exigen que los hombres en su actuación gocen y usen de su propio criterio y de una libertad responsable, no movidos por coacción sino guiados por la conciencia del deber”. Es decir, la Iglesia católica cambia su postura sobre un tema trascendental porque las ideas de la gente son ahora más claras y hay un mayor número de personas que exigen libertad. Como dice unas líneas después, la Iglesia “saluda con alegría los venturosos signos de los tiempos”. Esta me parece una postura humilde, valiente, rigurosa y alegre, que no veo en los recelosos escritos de la jerarquía católica española.

Tercera afirmación.  Según los obispos “los criterios que guiarán estas enseñanzas son los propios del relativismo y de la llamada  ideología de género”.

No me parece que los derechos humanos defiendan una ideología relativista, a no ser que se entienda como tal su defensa del derecho a la libertad de opinión. El decreto de contenidos mínimos no habla de verdad, pero habla de la necesidad de fomentar un pensamiento crítico. Al menos el libro que estoy escribiendo, y que recoge los contenidos mínimos, no es relativista. He defendido en todos mis libros la posibilidad de fundamentar una ética universal y en éste lo hago también, adaptándola al currículo de esta asignatura.
 
 Cuarta afirmación.  El documento critica la llama ideología de género, y lo explica así: “El nuevo concepto de “homofobia” forma parte de los contenidos previstos como enseñanzas mínimas por los reales decretos. Bajo tal concepto se esconde una visión de la constitución de la persona más ligada a las orientaciones “sexuales” que al sexo. De ahí que el sexo, es decir, la identidad de la persona como varón o como mujer, sea suplantado por el “género” precisamente cuando se señalan los criterios según los cuales se evaluará la conciencia moral de los alumnos de Secundaria”.

Me parece que los obispos están viendo amenazas donde no las hay. La palabra “homofobia” aparece en la siguiente formulación: “Valoración crítica de la división social y sexual del trabajo y de los prejuicios sociales, racistas, xenófobos, sexistas, y homófobos”. Mayor asepsia resulta imposible. ¿No conviene valorar críticamente los prejuicios homófobos? Me da la impresión de que los obispos se sienten acusados de homofobia.  La palabra “homofobia” significa un desprecio, exclusión o discriminación de una persona por ser homosexual. Se están refiriendo únicamente a un prejuicio en contra. Me parece que educar la inteligencia crítica supone, previamente eliminar prejuicios.
 Respecto de la ideología de género hay que poner las cosas en su punto. Hay una larga polémica, promovida fundamentalmente por los movimientos feministas, que introdujeron la noción de “género”, por oposición a la de “sexo” para indicar que una parte importante de las propiedades, cualidades o atributos que se aplicaban al “hombre” o a la “mujer” no dependían de su fisiología sexual, sino de la presión cultural. Que ha existido  y sigue existiendo esta presión cultural es innegable. La subordinación de la mujer al varón ha sido doctrina comúnmente aceptada durante siglos. En España, hasta la reforma de 1975,  el Artículo 57 del Código Civil decía: “El marido debe proteger a la mujer, y ésta obedecer al marido”. Y el preámbulo de la Ley 24/4/1958 en que se aprobaba, lo explica con un párrafo que no tiene desperdicio: “Existe una potestad de dirección, que la naturaleza, la religión y la historia atribuyen al marido, dentro de un régimen en el que se recoge fielmente la tradición católica que ha inspirado siempre y debe inspirar en lo sucesivo las relaciones entre los cónyuges”.
 Ese texto legal –y muchas declaraciones que podría aducir- demuestra que la Iglesia Católica ha mantenido siempre una clara ideología de género, a favor del varón. 
Pero, a pesar de su gravedad, este no es tema que se discute. Lo que resulta imprescindible para la filosofía moral católica es defender el concepto de “naturaleza” como fundamento de las normas éticas. Dios, creador de la naturaleza, revela a través de ella la ley eterna, la ley natural. Este es un asunto de gran relevancia, que no debe tomarse a la ligera.  Toda la doctrina del “iusnaturalismo” también se basa en esta idea.
 He estudiado este asunto con detalle en el capítulo X de "El rompecabezas de la sexualidad",  y María de la Válgoma y yo lo hemos  repensado en "La lucha por la dignidad". La doctrina de la ley natural puede ser aceptable si se basa en la “naturaleza" del hombre, que es su índole racional. Por lo tanto, ley natural sería aquella que la razón del hombre descubre, legitima y justifica. Lo dijo Santo Tomás de Aquino: la ley natural es opus rationis.
 

Confieso que me invade un cierto desaliento. Sé que estos argumentos no los van a leer o si los leen no los van a entender. Tal vez debería limitarme a un argumento muchos más inmediato, contundente, basado en la experiencia: Nuestros alumnos no tienen ideas claras, se encuentran sometidos a muchas situaciones problemáticas,  tenemos que ponerles en buenas condiciones para poder enfrentarse a ellas, para ser personas felices y buenos ciudadanos. ¿Sería sensato que la escuela se inhibiera de todo esto? Recuerdo con nostalgia a Durkheim, que en su libro "La educación moral" dice que esa es la función esencial de la escuela. Y a Platón, Aristóteles, Kant, Piaget, Dewey, que pensaban lo mismo


jam @ 11:46


3 marzo 2007



 La dirección de los Colegios diocesanos de una región española, cuyo nombre no cito porque tal como están las cosas, se pueden herir susceptibilidades,  me invita, por mediación de SM, a que vaya a explicarles el contenido de la asignatura y el enfoque del libro de texto. Quiero hacer todo lo posible por eliminar equívocos, y por esa razón me gustaría ir; pero me molesta que esto  se tome como un asunto comercial, y ya no estoy para esas confusiones. No tengo tiempo, ni ganas, ni necesidad. Decido ir. Pero después de aceptar, me piden que les mande un resumen de lo que voy a decir. Mi primera idea es decirles que no. Que ya se lo diré cuando vaya. Pero, una vez más, pienso “por mí que no quede”, y, haciendo un saludable ejercicio de humildad, les envío el siguiente esquema, escrito a la carrera. (Es posible que después de mandárselo lo ampliara un poco, porque como esta situación se va a repetir, quiero tener preparado un informe claro sobre el tema):

 ESQUEMA PARA EL ENCUENTRO


¿Qué es la asignatura Educación para la ciudadanía según el Decreto de enseñanzas mínimas?

1. Historia y contenidos de la asignatura.

En muchos documentos internacionales, por ejemplo en la Declaración de la Conferencia de Viena sobre Derechos Humanos (1993) se recomendaba que “todos los estados e instituciones incluyeran los derechos humanos, las leyes humanitarias, la democracia y el estado de derecho (rule of law) dentro de los currículos de todas las instituciones educativas, tanto en educación formal como no formal"

La presión social hacia la escuela para que ayude a resolver problemas sociales (violencia, incivismo, accidentes de tráfico, consumo abusivo de drogas, embarazos adolescentes, fracaso escolar, desinterés comunitario, individualismo, hedonismo, presentismo, etc.). Recomendación del Consejo de Europa y la inclusión de la educación para la convivencia entre las ocho competencias fundamentales que la educación debe desarrollar. La LOE recoge esta recomendación. Otras de las competencias básicas: “Autonomía y educación para la iniciativa personal” también tiene relación con la EpC.
 La EpC está relacionada con la anterior asignatura de Ética, a la cual sustituye en 4º de la ESO. Esto me parece mala solución, sobre todo porque posiblemente se reducirá el horario de la asignatura. Creo que el Ministerio ha actuado precipitadamente tanto en esta sustitución, como en el título del la asignatura de filosofía de Primero de Bachillerato. Se sustituía toda la filosofía por EpC, lo que era un auténtico disparate que en este momento el ministerio no sabe como arreglar.
 
 

2. Lo que se está haciendo en otros países.
 

3. Los límites de los contenidos: los principios éticos de la Declaración de los derechos humanos.
 

¿Qué puede ser la EpC?

 No es que esté entusiasmado con esta asignatura, hubiera preferido una amplia asignatura de Ética, seriamente expuesta y con contenidos prácticos, es decir, tratando de fomentar hábitos éticos de responsabilidad, justicia, y solidaridad. Y, desde luego, con más horas.  Pero creo que debemos aprovechar lo que hay como una ocasión de progresar en la formación ética, ciudadana (y también religiosa) de nuestros alumnos.
El enfoque de los libros de texto que estoy redactando para la editorial SM se engloban bajo el título genérico de EL GRAN PROYECTO HUMANO. Lo que pretendo es mostrar que la historia de la humanidad puede interpretarse como una búsqueda de un modo más justo, noble y fraternal de vida. Y que la realización de ese proyecto depende del comportamiento de todos los seres humanos. También de ellos. En un momento de individualismo feroz, lo primero que hay que recuperar es la conciencia de “humanidad compartida”, y el conocimiento de que toda la convivencia  pacífica se funda en el reconocimiento de unos valores éticos, de unos derechos y unos deberes. El punto central es la afirmación de la dignidad de la persona, de la que derivan los derechos fundamentales. Uno de los temas es ¿cómo debe ser el buen ciudadano para llevar a cabo este proyecto? El buen ciudadano debe tener las virtudes necesarias: responsabilidad, justicia, solidaridad, valentía.


¿Es compatible este programa con el proyecto educativo de los colegios religiosos?

Por supuesto. Para ver las semejanzas sólo hay que cambiar el título EL GRAN PROYECTO HUMANO por el título LA BUSQUEDA DEL REINO DE DIOS, y cambiar la formulación de las virtudes ciudadanas por los términos de las virtudes clásicas (prudencia, justicia, fortaleza, templanza, caridad) para darse cuenta de que esta asignatura no está en contradicción con el mensaje cristiano, sino que puede servir de propedéutica al mensaje cristiano. Como he explicado en varios de mis libros, la enseñanza y práctica de la ética puede ser la gran introducción a la experiencia religiosa. Esa me parece que es la idea de muchos textos bíblicos. El salmo 14 dice:¿Quien subirá al monte de Yahve?
El de manos limpias y puro corazón.
En el salmo15 hay una descripción más detallada. Comienza de la misma manera."Yahvé, ¿quién vivirá en tu monte sano?" "El de conducta íntegra que actúa con rectitud, que es sincero cuando piensa y no calumnia con su lengua; que no daña a conocidos ni agravia a su vecino; que mira con desprecio al réprobo y honra a los que temen a Yahvé, que jura en su perjuicio y no se retracta, que no presta dinero a usura, ni acepta sobornos contra el inocente". Y en el salmo 25  "Amor y verdad son las sendas de Yahvé" 

Esto puede ser el programa de una educación para la ciudadanía. El buen comportamiento –aunque sea justificado laicamente- no se opone a la religión, sino que puede ser su más eficaz introducción. Al menos así lo dice Jeremías:
Tu padre, ¿no comía y bebía?
¡Pero practicaba la justicia y la equidad!
Por eso todo le iba bien.
Juzgaba la causa del cuitado y del pobre.
Por eso todo ia bien.
¿No es eso conocerme?, oráculo de Yahvé.

 La conveniencia de que los católicos aprovechen la ocasión.

Al estudiar la historia de la ética, incluida la historia de los derechos humanos, se ve con claridad  que la moral cristiana ha contribuido poderosamente a ella. Sería importante que en un momento de gran desconcierto, los cristianos se esforzaran en seguir colaborando para que la ética ciudadana fuera profunda, responsable, justa, solidaria, racional, informada. Creo que es la tarea que intentan muchos teólogos, como Hans Küng. Por su relevancia,  voy a detenerme en el proyecto educativo de un filósofo católico que tuvo gran influencia en la renovación del tomismo y en los trabajos previos al Vaticano II. Me refiero a Jacques Maritain. Participó activamente en los trabajos previos a la Declaración de los Derechos Humanos, y el nacimiento de la UNESCO, una institución nacida con la idea de que una “educacion ética compartida por todas las naciones” era la única solución para conseguir la paz.
En su discurso a la Convención de la UNESCO en México (1947), Maritain se plantea el problema fundamental: ¿Es posible esa filosofía de la educación compartida, esa ética universal?  
“A primera vista –dijo- hay algo de paradójico en el objetivo de la UNESCO, puesto que implica un acuerdo intelectual entre hombres cuyas visiones del mundo, de la cultura y del conocimiento son diferentes e incluso opuestas. Debemos, en mi opinión, enfrentarnos cara a cara con esta paradoja que no es más que una expresión de la seria enfermedad que se da en el mundo intelectual de nuestro tiempo”. Es consciente de que hay dos soluciones (1) reafirmarse cada uno en su postura (2) llegar a un conformismo artificial que no contentaría a nadie. Ninguna de ellas le parece viable y por eso propuso una tercera vía, muy prometedora:
Yo creo que la solución esta en buscar otra vía. Precisamente porque la finalidad de la UNESCO es una finalidad práctica, el acuerdo de opiniones se puede encontrar espontáneamente no en un pensamiento especulativo común, sino en un pensamiento práctico común; no sobre la afirmación de una misma concepción de mundo, del hombre y del conocimiento, sino sobre la afirmación de un mismo conjunto de convicciones que dirijan la acción”.
La cuestión que debe responder Maritain en este punto es: ¿qué se entiende por pensamiento práctico común?, o, mejor dicho, ¿cuáles son las convicciones aceptables por todos sobre cómo dirigir la acción? Para responder a esta cuestión el autor se basa en la Declaración de Derechos del Hombre, que en ese momento se está elaborando, y a la cual la UNESCO contribuye y que en 1947 constituye uno de los objetivos mayores de las Naciones Unidas. Maritain se rinde  a la evidencia de los hechos y concluye: “Se trata de una ideología práctica fundamental y de los principios de acción fundamentales implícitamente reconocidos hoy. Constituyen grosso modo una especie de residuo común, una especie de ley común no escrita, un punto de convergencia práctica de las ideologías teóricas y de las tradiciones espirituales más diversas”.
En este mismo sentido, Mariatin, unos meses antes, se había expresado así:
“Por el efecto del desarrollo histórico de la humanidad y de las crisis del mundo moderno cada vez más generalizadas y en razón de su progreso, nos encontramos con que hoy los hombres han tomado conciencia de un cierto número de “verdades prácticas” relativas a la vida en común y sobre las cuales es posible un acuerdo”.

Pues bien, esas “verdades prácticas” sobre las cuales se puede encontrar un acuerdo, son las que se van a dar en la asignatura Educación para la ciudadanía.

Las críticas realizadas por la Conferencia Episcopal.

Fundamentalmente son tres:

  1. Atenta  contra el derecho de los padres., porque pretende formar moralmente a los alumnos.
  2. Defiende un relativismo ético.
  3. Introduce una ideología de género, como demuestra la introducción del término “homofobia”.

En mi concepción de la asignatura –y de los libros de texto- no me siento incluido en estas críticas. De todas formas, las he estudiado y comentado detalladamente, así como las “Razones para la Objeción de Conciencia” publicadas por la asociación “Profesionales para la ética”, en la página de movilización educativa.

Si hay tiempo, y si a los asistentes les interesa, podrían ser comentadas en la reunión.


jam @ 12:40


4 marzo 2007


Hoy he publicado en EL MUNDO un comentario a una frase del portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino.

“Los padres harán muy bien en recurrir a la objeción de conciencia contra la asignatura de Educación para la ciudadanía”.
 

“He estudiado el documento de la  Conferencia Episcopal y  leído las razones para la objeción de conciencia que dan 30 asociaciones. Como doy por sentado que todos quieren lo mejor,  debe de haber  alguna confusión de base. Según los obispos, esta asignatura “impone el relativismo moral”. Yo estoy escribiendo un texto de esta asignatura y, desde luego, no soy partidario del relativismo moral. Ni tampoco soy un laicista beligerante. Uno de mis últimos libros se titula “Por qué soy cristiano”. Por eso digo que tiene que haber un  malentendido. Me parece muy bien que apelen a la objeción de conciencia, porque, como supone la desobediencia a una ley, es preciso justificar tal decisión públicamente, y eso es estupendo. El debate ético es imprescindible para una sociedad. Pero hay que hacerlos hasta el fondo de las cuestiones. Y el fondo de esta cuestión es si existe una ética universal - por encima de las religiones- o no. Es un tema de trascendental importancia social, en el que no valen medias tintas. ¿Se puede enseñar una ética universal o solamente se pueden enseñar morales religiosas? Esta asignatura dice que se puede enseñar una ética universal: la contenida en la Declaración de los Derechos Humanos. Por eso,  quien se declara en contra de ella -en este caso la iglesia-  defiende, queriéndolo o no,  un peligroso escepticismo ético. Las cañas se vuelven lanzas. ¿No podríamos colaborar todos sensatamente  para hacer lo mejor?”

No se como se habrá entendido, pero pretendía ser una llamada a la colaboración. He escrito repetidas veces sobre la gran influencia que las Iglesias –y muy especialmente la Iglesia católica- han tenido en la configuración de una ética universal. Por eso me entristece que desaproveche la ocasión de ayudar a que la educación ética de nuestros jóvenes sea la mejor posible con independencia de sus creencias religiosas.


jam @ 13:29


7 marzo 2007


De nuevo se me han acumulado los compromisos, tres de ellos muy interesantes. El lunes participé con María de la Válgoma en una Jornada sobre “Educación Intercultural”, organizada por “Educadores en dos orillas”. La heterogeneidad cultural de nuestros alumnos es una razón más que recomiendan la EpC. Acaba de plantearse en Francia una interesante situación. El Ministerio ha aprobado la apertura de un Instituto de Enseñanza Secundaria exclusivamente dirigido a musulmanes, en donde las enseñanzas van a impartirse de acuerdo con esta religión. Existe la sospecha de que detrás de este centro educativo hay grupos islámicos integristas. ¿Qué debe hacer el Estado francés? Por de pronto parece lógico que exija que los alumnos, puesto que van a integrarse en la sociedad francesa, conozcan los derechos y deberes ciudadanos, y sepan que, si entran en conflicto con su religión lo que deben hacer.
A la mañana siguiente fui a Barcelona por un motivo parecido. Casa Asia, una institución que pretende favorecer las relaciones entre Oriente y Occidente, me pidió que diera la Conferencia inaugural de un Seminario dedicado a “Armonización de los valores educativos orientales y occidentales. Al hablar de valores, estábamos hablando de moral, y lo que se hacia evidente era la necesidad de que algunos valores fueran comunes. De esto trata la ética y de esto trata la EpC. El texto de la conferencia pueden verlo en esta página. No paró ahí la semana. Porque al día siguiente fui a Sevilla para participar en unas Jornadas multitudinarias sobre “El factor humano”, donde han intervenido personas tan destacadas como Carlos Edmundo de Ory, Victoria Kants, Rafael Argullo, Manuel Toharia, Javier Sábala, José Luís Molinuevo, Javier Echevarria, Agustín García Calvo, Fernando Savater, Santos Juliá y Fernando Arrabal. Mi conferencia trató sobre “El gran proyecto humano: la creación ética”. No era un foro educativo, y por ello me sorprendió agradablemente que en el coloquio uno de los asistentes, que se identificó como Presidente de una APA, me dijera lo interesados que estaban por la EpC, y si no había pensado en redactar también un libro de texto para los padres, que acompañara al de los hijos. Le dije que, en efecto, me gustaría hacerlo, aunque desconozco las posibilidades editoriales de realizar el proyecto.
Por la tarde fui a explicar a toda la red comercial de SM en qué consistía esta asignatura, porque, como casi todo el mundo, los participantes estaban confusos ante las informaciones recibidas.


jam @ 13:37


8 marzo 2007


Una redactora de la agencia EFE, acompañada de otra redactora de TV de la misma agencia, y un cámara, vienen para hacer un reportaje sobre EpC. Para saber de qué se está tratando en todo este lío me piden que les enseñe el libro que estoy escribiendo. Se lo cuento. El cámara me pregunta: ¿Y como se llama ese libro? Porque a quien le interesa leerlo es a mí, que tengo dos hijos pequeños. Las dos redactoras dijeron lo mismo y me sentí, de repente, feliz.


jam @ 13:47


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